Ocurrió hace unos días. Una noche de esas que no existen. Miré arriba Santa Engracia 70. Llamé al tercero izquierda, esperé a oír tu voz quién es. Yo respondería quién va a ser. Te reirías y abrirías. Y da igual que hubiéramos hecho el mismo juego, la misma complicidad al menos cien veces. Tú seguirías riéndote.
Que te echo de menos es ridículo, tan ridículo como decir que echo de menos al que yo era por entonces. Que cualquier camino por reencontrarnos pasa antes por reencontrarme ya lo aprendí. Y en ellas estoy.
Que lo he intentado, pero sencillamente me rindo. No es posible odiarte.
domingo 9 de marzo de 2008
Para Anna (II)
Viajado por
Otto el piloto
a las
00:16
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada